
Finalmente, contra todo pronostico astral, Mario Vargas llosa recibía el premio Nobel de Literatura en una concurrida ceremonia en donde no podía faltar su ubicua majestad, el rey de España, acompañado de todo su sequito de seguidores.
- Venga, Mario, te lo hazf ganado hombre – dijo el Rey invitando al literato a subir al estrado para recibir el premio de su majestad, en medio de una estentórea descarga de aplausos que sacudió con un leve temblor el atiborrado local.
De repente, el leve temblor se convirtió en un fuerte sismo que remeció los cimientos de la sala, haciendo tambalear a los asistentes, quienes empezaron a rezar y lanzar plegarias al Todopoderoso.
- ¡El fin del mundo!
- Terremoto, carajo, corran a la calle!
Gritaban los invitados quienes corrían de un lado a otro, buscando la puerta de salida. El único que permanecía quieto era el impávido Rey quien junto a su sequito había observado un extraño fenómeno de luz en la ventana. Un relámpago de luz ilumino los cuatro horizontes y de repente todo el ambiente se lleno de una luz blanca y no se vio nada más que ese color, similar al color de una hoja de papel.
El Rey juraba que aquello era obra del altísimo quien había tenido la caprichosa idea de acabar con la humanidad justo en ese momento. Y miro a Mario, a quien compadeció.
- Pobre diablo, esperar tantos años el bendito premio y justo se lo dan el día del fin del mundo.
- Apiádate de nosotros – gimieron los asistentes, rasgándose las vestiduras y arrancándose mechones de cabellos.
- ¡Cállense!– intervino una voz anónima – no ven que todo esto no es mas que un burdo montaje operado por la derecha Católica y supersticiosa que emplea una serie de artilugios para confundir al pueblo oprimido.
- ¡Apártate Satanás! - repuso Mario dispuesto a rebatir los argumentos del blasfemo y defender la posición del rey, evidentemente, aludido con el comentario de aquel desconocido que permanecía oculto entre la tribuna.
- ¡Epa! chamo, un momentico, el diablo son ustedes que oprimen al pueblo. Y mas respeto con la revolución del Caribe – respondió la voz desconocida.
- La rebelión mi estimado Hugo- repuso Mario, quien había reconocido la voz de su interlocutor anónimo - viene del diablo. Acaso, no fue el quien sublevo a los ángeles contra Dios?, no fue el quien se levanto contra el orden establecido?, contra ese sistema de cosas que el divino a puesto y contra el que hoy tu te levantas?
- La rebelión, mi servil Mario, es el motor de la historia y la violencia es su partera – interrumpió nuevamente Hugo Chávez que se había colado en la lista de invitados – me sorprende que en este tiempo, todavía existan huevones como tu, que creen que Cristo es hijo del Espíritu Santo y no de un hombre común y corriente, y que el sistema liberal es la panacea de la humanidad.
- Blasfemo, ofendes a Dios, cada vez que abres la boca – exclamo el rey indignado.
- Venga, Mario, te lo hazf ganado hombre – dijo el Rey invitando al literato a subir al estrado para recibir el premio de su majestad, en medio de una estentórea descarga de aplausos que sacudió con un leve temblor el atiborrado local.
De repente, el leve temblor se convirtió en un fuerte sismo que remeció los cimientos de la sala, haciendo tambalear a los asistentes, quienes empezaron a rezar y lanzar plegarias al Todopoderoso.
- ¡El fin del mundo!
- Terremoto, carajo, corran a la calle!
Gritaban los invitados quienes corrían de un lado a otro, buscando la puerta de salida. El único que permanecía quieto era el impávido Rey quien junto a su sequito había observado un extraño fenómeno de luz en la ventana. Un relámpago de luz ilumino los cuatro horizontes y de repente todo el ambiente se lleno de una luz blanca y no se vio nada más que ese color, similar al color de una hoja de papel.
El Rey juraba que aquello era obra del altísimo quien había tenido la caprichosa idea de acabar con la humanidad justo en ese momento. Y miro a Mario, a quien compadeció.
- Pobre diablo, esperar tantos años el bendito premio y justo se lo dan el día del fin del mundo.
- Apiádate de nosotros – gimieron los asistentes, rasgándose las vestiduras y arrancándose mechones de cabellos.
- ¡Cállense!– intervino una voz anónima – no ven que todo esto no es mas que un burdo montaje operado por la derecha Católica y supersticiosa que emplea una serie de artilugios para confundir al pueblo oprimido.
- ¡Apártate Satanás! - repuso Mario dispuesto a rebatir los argumentos del blasfemo y defender la posición del rey, evidentemente, aludido con el comentario de aquel desconocido que permanecía oculto entre la tribuna.
- ¡Epa! chamo, un momentico, el diablo son ustedes que oprimen al pueblo. Y mas respeto con la revolución del Caribe – respondió la voz desconocida.
- La rebelión mi estimado Hugo- repuso Mario, quien había reconocido la voz de su interlocutor anónimo - viene del diablo. Acaso, no fue el quien sublevo a los ángeles contra Dios?, no fue el quien se levanto contra el orden establecido?, contra ese sistema de cosas que el divino a puesto y contra el que hoy tu te levantas?
- La rebelión, mi servil Mario, es el motor de la historia y la violencia es su partera – interrumpió nuevamente Hugo Chávez que se había colado en la lista de invitados – me sorprende que en este tiempo, todavía existan huevones como tu, que creen que Cristo es hijo del Espíritu Santo y no de un hombre común y corriente, y que el sistema liberal es la panacea de la humanidad.
- Blasfemo, ofendes a Dios, cada vez que abres la boca – exclamo el rey indignado.
- La religión – continuo Hugo, quien parecía gozar provocando al octogenario monarca- siempre fue el opio suministrado a las bestias trabajadoras para mantener a los ociosos reyes en sus cortes y salones...
- Basta, no quiero oír mas – exclamo el rey, escaldado hasta los oídos por tales comentarios.
- ...Mientras el pueblo moría de hambre – continuo Hugo - los ricos se entregaban a vergonzosos placeres y tu dios aceptaba toda esa caga…
- ¡PORQUE NO TE CALLAS! – grito el Rey ofuscado, al borde de un ataque. Y con aquel destemplado grito que se oyo hasta el cielo, se estremecio nuevamente la tierra.
El Rey murio a los pocos minutos de un paro cardiaco. Mario se cago en lo pantalones y se quedo con las ganas de recibir el premio Nobel y Chavez... tu ya Chavez.


2 comentarios:
jajajaja, ideal para descontracturarse.
Aunque creo que te adelantaste unos días, igual vale. Adiós!
Super f...Lame!!
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